Al adolescente, su padre le destruyó los intestinos y, cuando agonizaba, le dio con un palo en la cabeza y lo dejó en una cañada.
A Jonathan Correa, sus padres le empezaron a dar palizas a los dos años, según los registros policiales. La primera denuncia fue la de un CAIF al que asistía el por entonces niño, cuando apareció con los primeros moretones al llegar desde su casa.
Desde entonces, vecinos, maestros, tíos y primos han hecho denuncias en contra de sus padres. Siempre por el mismo motivo: gritos, palizas y golpes con lo que tuvieran a mano.
Entre 2013 y 2025, se registraron 14 denuncias, según información policial a la que accedió Montevideo Portal. La última fue la de la UTU de Flor de Maroñas, a la que Jonathan asistía y donde se había ganado una beca para poder estudiar francés.
Pese a la vida injusta y violenta a la que lo sometían, el adolescente se las arreglaba para estudiar y cumplir con las clases. Quizá, creen quienes lo conocían, utilizaba los tiempos de estudio como una escapatoria para salir de su casa.
Andrea, la prima de Jonathan, contó a Montevideo Portal que era un chiquilín tranquilo, que nunca decía nada de lo que le sucedía, pese a que en determinado momento de su vida todos a su alrededor ya se daban cuenta.
La Policía fue varias veces a la casa de Jonathan en Flor de Maroñas, una vivienda de una sola pieza, con todo integrado en el mismo espacio, donde vivían el menor de edad, sus padres y una hermana de nueve años.
Las veces que los efectivos acudieron a la casa —casi siempre por denuncias de ruidos molestos—, la respuesta de la madre de Jonathan era que el padre no se encontraba allí, que los había abandonado. Minutos después, los mismos vecinos veían cómo el hombre salía de un escondite.
Andrea recuerda que la última vez que vio a su primo fue en un cumpleaños, hace aproximadamente cinco años. La madre de Jonathan le comentó a la madre de Andrea si existía la posibilidad de que ella se hiciera cargo del niño, porque personal del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) había acudido hasta su casa.








